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Café, del puchero a las cápsulas

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La forma en que se prepara el café es muy variada a lo largo de la historia. Su evolución, aprovechando el avance de las nuevas tecnologías y adaptándolas a las necesidades de la sociedad, consiguiendo una calidad que, incluso un paladar no especializado, es capaz de distinguir.

En las nuevas cafeteras monodosis existe un punto negativo y es que, aunque obtengan un aprobado en funcionalidad por ser un sistema higiénico y de fácil manejo, suspenden en materia de cuidado medioambiental.

Café en cápsulas

Ante esta situación, las marcas se pusieron manos a la obra y están intentando encontrar la fórmula para conseguir el envase más ecológico posible.

Algunas soluciones se hallan en la fabricación de envases biodegradables, programas para reciclar cápsulas como el de Nesspreso o la utilización de envases reutilizables.

Según la Organización Internacional del Café, Ico “el café es el segundo producto que más se comercializa después del petróleo”.

Por tanto, no hay duda de que es una de las bebidas más consumidas del planeta. Su producción mundial se estima entre 110 y 120 millones de sacos por año, según anuncia Coffee-statistics.

Como es lógico, reunir a tantos consumidores aporta grandes beneficios a las empresas que lo comercializan y, por tanto, mantienen una intensa lucha por alcanzar el éxito innovando con nuevas fórmulas de producción, distribución o consumo.

La forma en que se sirve es muy variada a lo largo de la historia. Desde los antiguos pucheros, en los que según la Federación Española del Café, “se utilizaba un recipiente que no transmitiera su propio sabor a la bebida como pudiera ser el barro o el hierro esmaltado”, hasta las modernas cafeteras a presión.

Su evolución camina de la mano y aprovechando el avance de las nuevas tecnologías y adaptándolas a las necesidades de la sociedad consiguió una calidad que, incluso un paladar no especializado, es capaz de distinguir.

Transformación de las cafeteras

Desde que en 1802 el farmacéutico francés Francois Antonie Descroisilles inventara la primera cafetera (caféolette), pasando por las cafeteras express, inventadas en 1901 por el empresario italiano Luigi Becerra, hasta hoy, momento que evolucionaron dando lugar a las famosas cafeteras monodosis y existió una transformación en la forma de elaborar este producto en la que, sin duda, el consumidor es el más beneficiado.

Son muchas las ventajas de este tipo de café: práctico, rápido y fácil de preparar.

Con el éxito logrado tiene enamorados a muchos amantes de la famosa infusión y por ello, son varias las empresas que se sumaron a comercializar estos envases como: Nespresso (Nestlé), Marcilla (Sara Lee) o Unión Tostadora (United Coffee).

Pero como se suele decir, no es oro todo lo que reluce. Existe un punto negativo que plantea un inconveniente a este tipo de productos que, aunque obtengan un aprobado en funcionalidad por ser un sistema higiénico y de fácil manejo, suspenden en materia de cuidado medioambiental.

Según un estudio reciente elaborado por investigadores de la Universidad de Barcelona, se relaciona el contenido de furano de los cafés con el proceso empleado para su preparación.

El café en alumino y prolipropileno

Según las especificaciones, las cápsulas están compuestas de dos materiales principalmente: aluminio o plástico polipropileno.

Al ser envases novedosos muchos países no disponen de una legislación específica sobre ellos.

De modo que, cuando se utilizan, se origina un nuevo residuo para el medio ambiente que antes no existía.

Ante esta situación se configuran dos perfiles claros de consumidor. Aquel al que la comodidad y la eficiencia del producto hace obviar el efecto negativo que los residuos ocasionan en el medio ambiente y los que, por el contrario, tienen una mayor preocupación por el reciclaje y el respeto al medio ambiente.

Este punto de vista influirá en la decisión de comprar un producto o no, dependiendo de su capacidad de reciclaje.

Pero, ¿qué debemos hacer entonces con este tipo de envases? En algunos países europeos se considera que estos recipientes son equiparables a las bolsitas de té o las pieles de los embutidos y no sufren el mismo proceso de reciclaje que otros productos.

Incluso si la persona se toma la molestia de depositarlo en el cubo específico para este tipo de materiales el resultado será el mismo: incinerado o formando parte de una montaña de deshechos en el basurero más cercano.

Posible solución

Ante esta situación, las marcas se pusieron manos a la obra y están intentando encontrar la fórmula para conseguir el envase más ecológico posible.

Algunas soluciones se hallan en la fabricación de envases biodegradables, programas para reciclar cápsulas como el de Nesspreso o la utilización de envases reutilizables.

La marca de Nestlé tomó la iniciativa y se puso del lado del medio ambiente. Ofrece un servicio de reciclaje para las cápsulas de aluminio.

Para ello, el cliente únicamente debe depositar los envases en sus tiendas. De ahí, las cápsulas son enviadas a una planta de reciclaje en la que se refunde el aluminio y se prepara para ser vendido a otras compañías.

Según la empresa Nesspreso, para el año 2013 esperan conseguir un reciclaje del 75 por ciento de los envases que fabrican. “El aluminio de las cápsulas es infinitamente reciclable.

El café sobrante que permanece en su interior se utiliza como fertilizante natural o como fuente de energía ecológica para calefacción doméstica”. indica su portavoz en España.

Sin duda, el café seguirá manteniendo el mismo nivel de aceptación a lo largo de la historia.

Las empresas que lo comercializan trabajarán para conseguir el mejor producto para el consumidor pero, no deben olvidar un componente esencial para sus producciones: el medio ambiente juega un papel muy importante en la producción de tan apreciada bebida.

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10 comentarios sobre “Café, del puchero a las cápsulas

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